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lunes, 16 de abril de 2018

DOCUMENTO DE DISCUSION DE DIRECCION NACIONAL PROVISORIA CON VISTAS A LA REARTICULACION DEL MIR


Que se abran cien flores y compitan cien escuelas del pensamiento… (Mao Tse Tung)

El Colectivo Acción Directa (CAD), pequeña Organización Política que hunde sus raíces en lo que se conoce como Pueblo y Cultura Mirista y que está participando en el proceso de rearticulación del MIR, momento que tiene como base y punto de partida un Documento emanado desde el “Centro de Estudios Sociales Dagoberto Pérez Vargas”, difunde otro Documento (emanado desde la Dirección Nacional Provisoria del MIR), que busca desatar la necesaria discusión fraternal entre todos y todas quienes comprenden la necesidad de construir un instrumento político que permita ganar la guerra y dar el triunfo para el conjunto de los explotados, humillados y marginados de nuestra formación social.

Como CAD, proponemos, sugerimos, instamos, a que todo el MIR, toda la Cultura y Pueblo Mirista intervenga en este proceso de discusión, que en su devenir, en su riqueza, aporte su grano de arena para la anhelada rearticulación.   Y por ello expresamos que una de las formas –repetimos: una de las formas- posibles como aspecto metodológico es que cada Organización o No Organizado emita sus opiniones a través de Documentos, los que puestos en circulación, en máxima difusión, sean leídos por todas y por todas, lo que permitirá llegar a las necesarias reuniones de coordinación ya con los textos digeridos y sólo ver en ellas las tesis y propuestas concretas, evitando así los largos y extensos diagnósticos o exposiciones, permitiendo ganar el tiempo valioso para lo vital.

Lo anterior no es evitar o anular la lucha ideológica, el debate, el análisis, sino que todo lo contrario: es un llamado a LEER lo que se genera, lo que se produce y optimizar los tiempos.

Por ejemplo, y sólo a vía de ejemplo: ¿Por qué se utiliza en el Documento infrascrito el concepto de “oligarquía”?  Para el caso chileno, el Compañero Luis Vitale, en sus producciones ya nos advirtió que cada período de la lucha de clases tiene una fracción hegemónica dentro del bloque en el poder (concepto que se lo debemos a NICOS POULANTZAS, uno de los tantos intelectuales utilizados por Miguel Enríquez para realizar sus Documentos) y que hablar de “oligarquía”, o sea *gobierno de los pocos ricos*, es como no describir que fracción de clase es la hegemoniza dicho bloque en el poder.  Decimos esto, pues las palabras no son sólo una forma de crear realidad, sino que permiten conceptualizar al enemigo y ver cómo se combate a ese enemigo de clase.


Por el Pan, por la Vida, por el Socialismo


Colectivo Acción Directa
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COMUNICADO DEL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA MIR

Caracterización del período

En este último tiempo, se han venido levantado voces, dentro del campo mirista, que hablan de iniciar el proceso de rearticulación. Es necesario decir que este objetivo no es nuevo ni repentino. Son esfuerzos desde la división y posterior diáspora que sacó de la escena política al MIR. Abriendo el campo a muchas expresiones orgánicas rojo y negro, sin cohesión central.

Todos los intentos han fracasados hasta hoy, pues cada iniciativa careció de una comprensión precisa de la realidad política, del ánimo de los trabajadores y una política concordante con la correlación de fuerzas desfavorable para el pueblo, los explotados y los revolucionarios en cada momento de la propuesta.

Tampoco se ha tomado en cuenta la profundidad de la derrota y los efectos de ella sobre los explotados y los militantes revolucionarios, no solo del MIR.

Las derrotas militares son remontables, en corto plazo, en términos históricos, lo difícil es remontar las derrotas políticas en todas sus dimensiones, pues sin recomponer los aspectos políticos de la derrota, difícilmente se pueden remontar los efectos de otras derrotas y cuando esto ocurre se corre el riesgo de sufrir la peor de todas, la derrota ético moral.

Afortunadamente, LA FUERZA ETICO MORAL, aun asiste a los luchadores revolucionarios y a los luchadores sociales; en su acción sobrevive la imperiosa necesidad de afrontar el dominio capitalista y la herencia de la dictadura, que asoló y destruyó el avance y el progreso que beneficiaba al pueblo chileno en la noción del estado de bienestar.

Es en esos restos de la resistencia a la dictadura y su legado donde reside lo que Miguel Enríquez llamó, “la fuerza de la historia”.

La rearticulación, la reunificación del MIR, es una tarea urgente y un deber moral para con los explotados de nuestro país. Sin partido de la revolución, no es posible realizar las transformaciones necesarias de la sociedad. Sin él no puede haber revolución triunfante, pues en el partido está la condensación del programa y la dirección política del proletariado y sus aliados. Como decía Lenin, el partido representa el estado mayor de la lucha revolucionaria.

La reunificación o la formación del partido revolucionario no es la suma mecánica de grupos y restos orgánicos de partidos que una vez fueron parte del campo de los revolucionarios y que hoy resisten, porfiadamente el peso de la dominación capitalista, como pequeñas llamas en la tormenta, pero que no han salido de la resistencia para ir a la ofensiva. No es su culpa, es la consecuencia de la derrota y el aplastante poder de las clases dominantes y el estado que ellos controlan y manejan.

Cualquier proceso de reunificación del MIR, puede tener resultados positivos, sin tener al menos en consideración y bien definido tres conceptos que denominaremos tareas del periodo y que deben ser consensuados paralelamente en este proceso de reunificación que pretendemos llevar adelante a quienes fuimos parte del MIR o seguidores de sus políticas, mientras fue un actor relevante de la lucha de clases y la lucha política contra el poder dominante y el estado, junto a los trabajadores y el pueblo.

Primero es necesario definir el carácter del periodo histórico abierto por el golpe militar en Chile y el dramático giro de los acontecimientos dados por el desplome del campo socialista en el conflicto con el imperialismo.

El segundo elemento a considerar es realizar un balance, tanto de la Unidad Popular, como del MIR en tanto fuerzas inmersas en la lucha de clases y de sus definiciones, que caracterizan el origen del MIR como de la UP.

Es decir, en última instancia cual era el quehacer en el periodo que se abre después de la II Guerra Mundial, tanto a nivel nacional, como internacional y las tareas realizadas por los actores políticos de la época.

Finalmente es necesario hacer un balance, por sus consecuencias, tanto en la lucha llevada a cabo por el MIR, como el desarrollo orgánico de la estructura partidaria, y las políticas del MIR emanadas en la época, que lo vinculan a la lucha de clases y como se vincula, en esta lucha, a las masas.

La situación del mundo tras la derrota del fascismo

La crisis económica de los 20 a los años 30, terminó por provocar el estallido de la Guerra Mundial impulsada por la oligarquía industrial alemana que había consolidado su victoria sobre el proletariado alemán al poner en el gobierno y luego consolidar su dictadura con el Partido Nacional Socialista, con Hitler y su camarilla a la cabeza.

Consolidada la dictadura del partido NAZI, la oligarquía fue por los mercados de los cuales había sido separada por la capitulación en la Primera Guerra Mundial.

Por su lado los fascistas italianos con Mussolini a la cabeza hacen lo propio. En España, Franco derrotaba al proletariado y a la burguesía republicana apoyado por el nazismo.

Terminada la guerra, con la derrota del Eje, Alemania, Italia y Japón. Se consolida la supremacía de USA y crece el pampo socialista donde la URSS queda posicionada como una súper potencia Militar.

Ambos bloque se enfrentan en la denominada Guerra Fría, desatándose una competencia política y económica que hunde a la URRS en una crisis económica que no puede remontar y termina por generar la banca rota de la URSS. Cuyo estado capturado por la burocracia del PCUS y presionado por las corrientes restauracionistas del capitalismo no tienen una salida revolucionaria a la crisis, y terminan capitulando frente al imperialismo provocando el colapso del Bloque Socialista y la instalación hegemónica de las oligarquías restauracionistas en el campo socialista.

Este hecho marca el triunfo de la contrarrevolución interna en los estados obreros dejando al capitalismo imperialista iniciar un proceso globalizador de carácter unipolar comandado por EEUU, cuyo estado lentamente se pone al servicio del capital financiero especulativo.

La globalización impulsada por los señores de la banca y las finanzas buscan mediante el ataque a los estados nacionales y al proletariado, la ofensiva busca asegurar las tasas de ganancias y de acumulación de capital.

La salida a la crisis capitalista desata una crisis que agudiza la lucha de clases, producto de las presiones económicas del capital financiero a los estados nacionales, que desarticulan las economías locales en beneficio de las transnacionales apoderándose del recurso de cada nación que cae en sus manos. La economía de los estados se privatiza y se desregulan. Se expropian los salarios de los trabajadores se abalanzan sobre sus fondos de previsión, se precariza el empleo y se deteriora su calidad. Los países son subordinados con préstamos públicos imposibles de pagar en corto plazo.

La crisis desatada por el capitalismo en su afán de asegurar sus ganancias y acumulación de capital, no es solo una crisis cíclica del capitalismo, es una crisis cualitativamente distinta cuya solución no está en el retorno de las condiciones existentes antes de que se desatara.

Lo que demuestra esta crisis, tiene implicaciones y consecuencias en la lucha de clases. Plantea para los revolucionarios y los trabajadores, que el centro de la crisis se localiza en la incompatibilidad de los estados nacionales y los procesos económicos especulativos que impulsan los señores de la banca y las finanzas, que dominan el poder en las grandes potencias capitalistas.

La crisis no solo se ve en el incremento de la lucha de clases en los países más afectados por la ofensiva del “Gran Capital Financiero”, sino que además se ve en los conflictos militares desatados por la OTAN y EEUU. Las guerras locales son hoy parte de la ofensiva capitalista por obtener los recursos que alimentan la economía mundial de energía, materias primas minerales y agrícolas.

Las guerras que hoy ocurren en el mundo son parte constitutiva de la crisis y representan el camino de los imperialistas para resolver su propia crisis de ganancia y acumulación.

Este hecho tiene mucho más implicancias políticas que las derivadas de las luchas de clase al interior de cada estado nacional y su lectura para los revolucionarios implica el abordaje de las tareas para el periodo. Estas guerras no pueden ser entendidas como guerras locales episódicas de alcance limitado.

Estas guerras deben ser entendidas como parte del dispositivo político destinado a resolver la crisis del capital monopólico financiero, que no pueden remontar sus ganancias compatibles con sus necesidades de acumulación. Paralelamente, parte del dispositivo que asegure el éxito de la contrarrevolución proletaria mundial.

Hoy, frente a este camino se hace nítida la disyuntiva entre socialismo o barbarie.

El carácter de los gobiernos post dictadura, abre un periodo, que permite e incentiva la hegemonía del gran capital de las industrias extractivas y de las finanzas en Chile.

En la primera fase, los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos consolidan el proyecto político que propició el golpe militar. Iniciado con la salida pactada de la dictadura militar, que involucró desactivar la potencia política del proletariado y la cooptación y neutralización del PS y PC, como los partidos históricos de la representación de los trabajadores y el pueblo.

La búsqueda de la gobernabilidad y la paz social, quebrada el 11 de septiembre de 1973, a sangre y fuego. Y sobre todo el aseguramiento del modelo impuesto por la dictadura.

La democracia en Chile fue atada y asfixiada por la Constitución del 80, el Tribunal Constitucional y la cobardía política de quienes reemplazaron a la dictadura.

Todos los gobiernos independientemente de sus intenciones de favorecer los intereses del pueblo y los trabajadores terminaron gobernando para los dueños del capital.

En ese camino despojaron al país de sus riquezas, desmantelaron la industria local, privatizaron la economía del estado, se apoderaron de los recursos previsionales de los trabajadores, desataron el lucro en la salud, la educación y el derecho a la vivienda, obstaculizaron la justicia e instalaron la impunidad para la mayoría de los criminales de lesa humanidad.

La mantención del enriquecimiento ilícito de los que saquearon el estado, la libertad y privilegios de los criminales al servicio del gobierno durante la dictadura cívico militar, abrió el camino de la corrupción de las instituciones del estado y de los negocios privados.

Con el segundo gobierno de Bachelet se abre un corto periodo donde se intentó realizar algunas reformas estructurales en un intento de evitar el progresivo divorcio del pueblo con los gobernantes y sus coaliciones políticas. Fue un breve momento de alzarse con políticas de carácter frente popular, y tinte bonapartista, que buscaba asegurar la gobernabilidad, la paz social impulsando la conciliación de clases, incorporando al PC a un gobierno que priorizo los intereses de la patronal y el imperialismo, dejando de lado los intereses de proletariado.

Toda la lógica de cambios culminó en ajustes que no cambiaron nada y empeoraron las condiciones del pueblo y los trabajadores e incrementaron las ganancias de la patronal.

Desde la salida de la dictadura hasta el fin del gobierno de Michelle Bachelet, los diferentes partidos del activo político chileno no han hecho más que administrar el modelo instalado por la dictadura cívico militar y profundizar el carácter de clase del estado chileno poniéndolo al servicio de los negocios de la burguesía y el imperialismo.

En ese sentido han excluido de la toma de decisiones los intereses del proletariado, han destruido o cooptado sus organizaciones instalando leyes que regimentan y constriñen la lucha institucional de las organizaciones corporativa de los trabajadores y las organizaciones sociales del pueblo usando desde la criminalización hasta la cooptación clientelística de sus direcciones.

El carácter corrupto del funcionamiento de las estructuras políticas partidarias ha desprestigiado no solo a los partidos sino que a la política como actividad social frente a la mayoría del pueblo.

En general el activo político institucional y sus partidos políticos han actuado operando en favor de las clases dominantes y convocando al pueblo y los trabajadores a la defensa del orden y la paz social con políticas de conciliación de clase y usando la criminalización de la movilización social, por reivindicaciones conculcadas por el régimen de dominación.

La derecha política, como Alianza por Chile y luego como Chile Vamos, así como la Concertación por la Democracia y luego la Nueva Mayoría, son funcionales a la defensa del modelo capitalista, hegemonizado por las transnacionales de la banca y las finanzas, actuando unos como el palo y los últimos como la zanahoria.

El nuevo gobierno de Piñera es un giro de tuerca hacia la derecha y vanguardia de la ofensiva patronal contra los restos de los intereses de los trabajadores y se inscribe en el diseño imperialista de la contrarrevolución que ha desatado una guerra global que pretende reducir al proletariado al rol de fuerza de trabajo sin derechos políticos y sociales.

Frente a este panorama, los revolucionarios tenemos la urgente tarea de impulsar y organizar el partido, dotarlo de un programa que dé respuestas, desde los intereses del proletariado a la crisis que recorre el mundo hegemonizado por el capitalismo financiero, en alianza con el complejo militar energético.

Unificar las luchas del proletariado urbano y rural, organizando a los luchadores sociales, a su vez debemos caracterizar la situación internacional y nacional del periodo que vivimos hoy. A la luz de esa caracterización extraer las lecciones que nos permitan levantar el programa que nos permita impulsar las luchas del proletariado, en el contexto de la lucha de clases, dotados de una dirección revolucionaria que dé respuesta a la crisis y a la ofensiva patronal.

Abril del 2018, año de la rearticulación del MIR.


¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

¡ADELANTE CON TODAS LAS FUERZAS DE LA HISTORIA!


MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA MIR
DIRECCIÓN NACIONAL PROVISORIA

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